Hojas de Inspiración

Los mensajes de la ceremonia del té (por Ishwara)

Rubén Guillén. prographimages@yahoo.com

Rubén Guillén. prographimages@yahoo.com

“Antes de que fuese una bebida, el té fue una medicina. Sólo en el octavo siglo hizo su entrada en China, en el reino de la poesía, como una de las más elegantes distracciones de aquel tiempo. En el siglo quince, el Japón le dio patente de nobleza e hizo de él una religión estética: el teísmo.

El teísmo es un culto basado en la adoración de la belleza, tan difícil de hallar entre las vulgaridades de la trivial existencia cotidiana. Lleva a sus fieles a la inspiración de la pureza y la armonía, el sentido romántico del orden social y el misterio de la mutua misericordia. Es esencialmente el culto de lo Imperfecto, puesto que todo su esfuerzo tiende a realizar algo posible en esta cosa imposible que todos sabemos que es la vida”.

Okakura Kakuzo (1863-1913). Escritor, filósofo e historiador japonés. Fragmento del texto El libro del té.

 

El viaje mágico del té desde China hasta Japón se remonta al siglo IX. Monjes budistas llevaron esta bebida a la isla y la emplearon exclusivamente en ceremonias y medicinas. En el siglo XIV, se difundió en diversos sectores de la sociedad japonesa, y un siglo después, alcanzó un estatus de nobleza. En algunos círculos, la preparación del té adquirió el nivel de filosofía y práctica espiritual; se asoció con valores elevados, y se convirtió en una ceremonia. Con el transcurrir de los años, la humildad, naturalidad, armonía, pulcritud, sobriedad, concentración y lentitud característicos de la ceremonia del té se extendieron a ámbitos tan diversos como la arquitectura, las artes marciales, la jardinería, la caligrafía y la pintura.

Hoy esta ceremonia se enseña y practica en algunas escuelas de Japón. Su aprendizaje involucra conocimientos acerca del té, arreglos florales y protocolo, entre otros, y la formación y perfección de este arte puede tomar toda la vida. A pesar de la velocidad del Japón moderno y del abandono de prácticas culturales antiguas, la cultura japonesa tradicional entiende el poder de esta ceremonia para establecer una conexión con estados de consciencia profundos.

Pero más allá de una curiosidad cultural o un anacronismo, ¿la ceremonia del té tiene algún mensaje para nuestras vidas? Esta práctica ancestral puede guiarnos hacia tres virtudes para nuestro crecimiento que se resumen en tres palabras: dominio, belleza y servicio. Dominio: sobre nuestros pensamientos, palabras y actividades, mediante la atención consciente en los pequeños actos. Belleza: como fundación de nuestra existencia y práctica para imprimir gracia y delicadeza en nuestras acciones. Y servicio: como medio esencial para nuestra autoperfección y vehículo para manifestar en el mundo lo más sagrado de nuestra naturaleza.

En el primero de los casos, el mensaje de dominio es relevante debido a la velocidad de nuestros tiempos y la dispersión de nuestras mentes en múltiples direcciones. Cada día es más difícil encontrar oportunidades para cuidar de nosotros y hemos olvidado la capacidad para estar; es más, aun en nuestras horas de descanso o recreación sentimos la necesidad de hacer. Estas realidades de la vida exterior se reflejan en nuestro interior: si cerramos los ojos percibimos la rapidez de nuestra mente y si nos fijamos en las emociones veremos que se mueven ansiosas hacia el futuro. Y aunque sabemos que estos ritmos acelerados nos garantizan ciertos privilegios, somos conscientes también de que nuestro presente carece de toda la calma, sosiego y plenitud que anhelamos.

Este escenario se nos presenta el desafío de recobrar el dominio de nuestro ser y encontrar serenidad en la vida diaria. La ceremonia del té y su capacidad para centrar la atención de la mente nos invitan a incorporar la concentración y la lentitud en actividades cotidianas, como medios para reducir la velocidad. El ejercicio de unir pensamientos y acciones en una sola dirección; la disposición de reducir nuestro ritmo para observar el movimiento, y la voluntad de estar en el presente son las poderosas herramientas que la ceremonia del té nos brinda. Al comienzo necesitamos disciplina para moldear nuestros hábitos, pero poco a poco iremos encontrando que es posible estar y mantener el silencio, aun en situaciones dinámicas. Este dominio de nuestro ser proveniente de la atención, la lentitud y el cuidado de las acciones pequeñas puede extenderse a actividades complejas. Y eventualmente con la práctica, el dominio puede convertirse en nuestra manera de estar en el mundo, de la misma forma que la espiritualidad del té se extendió a diversos ámbitos y transformó el alma de Japón.

En un segundo caso, la ceremonia del té nos presenta un camino para establecer la belleza como centro de la vida. Nos enseña cómo dirigir nuestra voluntad hacia los valores de armonía, delicadeza y sencillez. La ceremonia requiere de un entorno capaz de conmover el corazón; las flores y los jardines invitan al alma humana a aspirar a una perfección; las líneas simples de la pintura, la arquitectura y la caligrafía inspiran sutileza y vacío de la mente, y los movimientos de las artes marciales o la danza invocan la gracia y el fluir de la existencia. Estas voces de unidad, sencillez y humildad son esenciales para nuestra época de desconexión, ostentación y exceso. Por ello, la búsqueda de la belleza en pensamientos, emociones, palabras y acciones puede ser una clave para dar una vuelta de tuerca a nuestra realidad, que a veces carece de estas cualidades armónicas. El contacto con lo bello en la naturaleza, los otros y la realidad trascendente tiene la capacidad de transformar nuestra percepción del presente. La ceremonia del té y su filosofía nos enseñan a ver la belleza a nuestro alrededor y, más allá de ello, asumir la belleza como práctica. Es decir, pensar y sentir con belleza, crear belleza y actuar con belleza.

Finalmente, este arte centenario nos habla del servicio. A diferencia de nuestras sociedades donde el acto de servir representa una actividad menor, en el teísmo (espiritualidad del té) servir es una elevada acción y es la forma de honra la existencia del Otro. Quien ha trabajado en la conquista de su ser entiende que el servicio representa la manifestación de la naturaleza su consciencia. En la consagración a esta ceremonia y en ese darse al Otro, el practicante se eleva a un estado donde puede conectarse con la Fuente de la inspiración. Gracias a una conexión con la pureza interior y un decidido esfuerzo de servir en el perfecto espíritu, el alma recibe la recompensa del esfuerzo. En el servicio, en la humildad y en el honor al otro, el practicante encuentra una puerta hacia la liviandad, la plenitud y el deleite.

Los mensajes de la ceremonia del té nos inspiran a recuperar el completo dominio, situar la belleza como centro de nuestra existencia e incorporar el servicio desinteresado y amoroso como una parte esencial de nuestra vida. Estas enseñanzas nos instan a adoptar un espíritu generoso que vea en el acto de dar una ofrenda a la fuerza Trascendente. Así aceptamos la invitación para entrar al sagrado y enigmático juego de hacer más perfecta la existencia desde lo imperfecto.

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