Hojas de Inspiración

Prácticas para enamorarse de la Tierra (por Thich Nhat Hanh)

Rubén Guillén. prographimages@yahoo.com

Podemos enamorarnos de la Tierra ahora mismo. No es necesario para ello ninguna preparación. Cada vez que al ocuparnos de nuestros asuntos practicamos la atención plena, profundizamos nuestra práctica y generamos más amor y compasión lo que, a su vez, conduce a una mayor comprensión.

La atención plena consiste en el ejercicio continuo de la conexión profunda con todos los momentos de la vida cotidiana. Estar atento es estar corporal y mentalmente presente para armonizar intenciones y acciones, y estar también en armonía con las personas que nos rodean.

No es necesario establecer un tiempo más allá de nuestras actividades cotidianas. Podemos ejercitar la atención plena en cada momento del día, tanto cuando estamos en la cocina como cuando estamos en el cuarto de baño, en la habitación o cuando nos trasladamos de un lugar a otro. Podemos llevar la atención plena con nosotros mientras lavamos los platos, nos duchamos o conducimos.

Podemos hacer las mismas cosas de siempre –caminar, sentarnos, trabajar, comer, etcétera–, pero completamente conscientes de lo que estamos haciendo. Cuando estamos comiendo, sabemos que estamos comiendo, y cuando abrimos una puerta, sabremos que estamos abriendo una puerta. Nuestra mente está con nuestras acciones.

 

La respiración atenta

Nuestra respiración es un fundamento sólido y estable en lo que podemos refugiarnos. Con independencia de lo que suceda en nuestro interior, es decir, con independencia de nuestros pensamientos, emociones y percepciones, la respiración siempre nos acompaña como un amigo fiel. Cuando nos vemos arrastrados por nuestros pensamientos, cuando nuestras emociones nos desbordan y cuando nuestra mente se siente inquieta y dispersa, debemos regresar a la respiración, reunificar cuerpo y mente y asentar y sosegar nuestra mente.

Para ello, cobramos conciencia del aire que entra y sale de nuestro cuerpo y, prestando atención a la respiración, dejamos que vaya sosegándose, calmándose y apaciguándose. En cualquier momento del día o de la noche, cuando estemos caminando, sentados ante el computador o trabajando en el jardín, podemos volver al apacible refugio de nuestra respiración y repetir en silencio las siguientes palabras:

 

Al inspirar, sé que estoy inspirando.

Al espirar, sé que estoy espirando.

 

Para aumentar la concentración y la atención plena sigue todo el recorrido de tu inspiración y de tu espiración. Esto es algo muy placentero. El simple hecho de sentarte y seguir atentamente tu respiración puede proporcionarte mucha alegría y curación.

La respiración atenta es el mejor modo de conectar con nuestro cuerpo. La conciencia de tu respiración asienta de nuevo tu mente en tu cuerpo. Vuelve a tu cuerpo y recuerda que tienes un cuerpo. Libera toda tensión y sosiega tu cuerpo. Este es el primer paso para recuperar el bienestar. Al llevar de nuevo la mente a su hogar corporal, te asientas en el aquí y ahora y tienes la oportunidad de vivir más profundamente tu vida y tu experiencia en cada momento. Y, cuando conectas con tu cuerpo, también conectas con la vida, con el planeta Tierra y con el cosmos.

 

Meditación sedente

 

Estar aquí sentado es como sentarse bajo el árbol bodi.

Mi cuerpo es, en sí, atención plena,

Completamente libre de distracciones.

 

 

Sé consciente, cuando te sientes, de que estás sentado sobre la Tierra. Practica siguiendo la inspiración y la espiración. Siente tu columna erguida como el tronco de un árbol. Siéntete arraigado en la Tierra y date cuenta de que tu cuerpo te conecta con el cielo y con la tierra. Presta atención a tu respiración y deja que los pensamientos vayan y vengan como lo hacen las nubes por el cielo. No te aferres a ellos ni los sigas, déjalos pasar. Deja que tu cuerpo se relaje completamente. No luches, y deja también que tu mente se asiente.

No nos sentamos a meditar para convertirnos en buddhas ni en seres iluminados. Nos sentamos para ser felices. Eso es todo. Nos sentamos sencillamente para estar aquí, para ser conscientes de que estamos aquí y de que el maravilloso mundo también está aquí, tanto dentro de nosotros, como encima de nosotros, debajo de nosotros y a nuestro alrededor. La felicidad, cuando nos sentamos así, se convierte en una realidad.

Podemos permanecer sentados 15, 30 o 45 minutos, pero aunque solo nos sentemos unos pocos minutos, debemos aprovechar y disfrutar cada momento de la sentada. ¿Cuántas personas tienen la oportunidad de sentarse así cada mañana? Y no solo podemos sentarnos a primera hora de la mañana , sino que también disponemos, a lo largo del día, de muchas otras oportunidades para hacerlo, independientemente de que estemos en casa, en la escuela, en el trabajo, en el coche o en el tren. Sintiéndonos en paz y felices podemos repetir, durante la sentada, las siguientes palabras:

 

Paz mientras estoy sentado.

Alegría mientras respiro.

La paz es la sentada.

La respiración es alegría.

 

Esto es todo un arte.

Thich Nhat Hanh. Nació en Vietnam en 1926. Maestro zen, activista por la paz, poeta y escritor de más de cien libros. Fue nominado para el Premio Nobel de la Paz por Martin Luther King. Vive en el sudoeste de Francia y viaja por el mundo ofreciendo retiros donde enseña el arte de vivir con plena consciencia (mindfulness). Extracto tomado del libro: Thich Nhat Hanh. Un canto de amor a la tierra. Barcelona: Editorial Kairós. 2014.

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