Hojas de Inspiración

La diferencia entre voluntad pura y deseo (por Sri Aurobindo)

Rubén Guillén. prographimages@yahoo.com

Se piensa que el deseo es el real poder motor de la vida humana y desecharlo sería detener las fuentes de la vida; la satisfacción del deseo es solo goce humano y eliminarlo sería extinguir el impulso vital mediante un ascetismo quietista. Mas el real poder motor del alma es la Voluntad; el deseo solo es una deformación de la voluntad en la vida corporal y mente física dominante. El giro esencial del alma, hacia la posesión y disfrute del mundo, consiste en una voluntad deleite, y el disfrute de la satisfacción del anhelo es solo una degradación vital y física de la voluntad del deleite.

Es esencial que distingamos entre la pura voluntad y el deseo, entre la voluntad interior de deleite y la codicia externa y anhelo de la mente y el cuerpo. Si somos incapaces de efectuar prácticamente esta distinción en la experiencia de nuestro ser, solo podemos elegir entre un ascetismo que mata la vida y la burda voluntad de o procurar efectuar un compromiso torpe, incierto y precario entre ellos. De hecho esto es lo que realiza la mayoría de hombres; una pequeña minoría pisotea el instinto vital y se afana por la perfección ascética; la mayoría se somete a la burda voluntad de vivir con las modificaciones y restricciones que le impone la sociedad o que el hombre social normal aprendió a imponer sobre su propia mente y acciones; otros establecen un equilibrio entre la austeridad ética y la templada indulgencia del anheloso yo mental y vital, y ven, en este equilibrio el medio dorado de una mente sana y una vida humana saludable. Pero ninguno de estos medios procura la perfección que buscamos: el gobierno divino de la voluntad de la vida.

Pisotear por completo al prana, al ser vital, es matar la fuerza de la vida mediante la cual debe sostenerse la vasta acción del alma corporizada en el ser humano; consentir que viva la burda voluntad es quedar satisfecho con la imperfección; consentir a ambas es quedarse a mitad de camino y no poseer ni la tierra ni el cielo. Pero si podemos acceder a la voluntad pura, indeformada por el deseo –a la que hallaremos como una fuerza mucho más libre, tranquila, estable y efectiva que la saltarina, ahogada, fácilmente fatigada llama del deseo–, y a la calma voluntad interior del deleite, no afligida ni limitada por ninguna perturbación del deseo, entonces podemos transformar al prana de tirano, enemigo y asaltante de la mente, en instrumento obediente.

Estas cosas mayores también podemos llamarlas deseo, si así lo decidimos, pero entonces debemos suponer que hay un deseo divino distinto del anhelo vital, un deseo divino del cual este otro fenómeno inferior es una sombra oscura y en el que ha de transfigurarse. Es mejor conservar nombres distintos para las cosas que son enteramente diferentes en su carácter y acción interior.

 

Sri Aurobindo (1872-1950). Filósofo, poeta y maestro espiritual nacido en India. Texto extraído del libro Síntesis de Yoga. Editorial Kier: Buenos Aires. 1972. Parte III, Capítulo VI: “Purificación: La mentalidad inferior”.

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