Hojas de Inspiración

Atisbos a El aroma del tiempo (by Byung-Chul Han)

Rubén Guillén. prographimages@yahoo.com

Presentamos algunos fragmentos del libro El aroma del tiempo del filósofo coreano Byung-Chul Han, profesor de la Universidad de Artes de Berlín.

En su libro nos muestra cómo nuestra manera de experimentar el tiempo y el énfasis en el hacer han afectado nuestra forma de percibir las realidades profundas de la vida y, sobre todo, nos han privado del poder de la Contemplación.

Byung-Chul Han. El aroma del tiempo. Editorial Herder: Barcelona. 2015.

 

Sobre lo efímero y nuestro pequeño yo

“Uno también se identifica con la fugacidad y lo efímero. De este modo, uno mismo se convierte en algo radicalmente pasajero. La atomización de la vida supone una atomización de la identidad. Uno solo se tiene a sí mismo, al pequeño yo. En cierto sentido, se sufre una pérdida radical de espacio, de tiempo, del ser-con (Mitsein). La pobreza del mundo es una aparición discrónica. Hace que la gente se encierre en su pequeño cuerpo, que intenta mantener sano por todos los medios, porque, de lo contrario, uno se queda sin nada. La salud de su frágil cuerpo sustituye al mundo y a Dios. Nada perdura más allá de la muerte. Hoy en día, morir resulta especialmente difícil. La gente envejece sin hacerse mayor”. (p. 11)

  

Sobre el Ser y el “aroma” del Mundo

 “Solo hace falta observar atentamente al Ser para darse cuenta de que todas las cosas están entrelazadas, que hasta la más diminuta se comunica con una totalidad. Pero la época de las prisas no tiene tiempo para profundizar en la percepción. Solo en las profundidades del Ser se abre un espacio en el que todas las cosas se aproximan y se comunican las unas con las otras. Esta cordialidad (Freundlichkeit) del Ser permite sentir el aroma del mundo.

También la verdad es un acontecimiento relacional. Tiene lugar cuando las cosas se comunican entre ellas en virtud de una afinidad u otro tipo de cercanía, cuando están cara a cara y entablan relaciones, cuando traban amistad”. (p. 87)

  

Sobre lo bello y la contemplación

“El goce inmediato no da lugar a lo bello, puesto que la belleza de una cosa se manifiesta mucho después, a la luz de otra, por la significatividad de una reminiscencia. Lo bello responde a la duración, a una síntesis contemplativa. Lo bello no es el resplandor o la atracción fugaz, sino una persistencia, una fosforescencia de las cosas. La temporalidad de lo bello es muy distinta de la del ‘desfile cinematográfico de las cosas’. La época de las prisas, su sucesión ‘cinematográfica’ de presentes puntuales, no tiene ningún acceso a lo bello o lo verdadero. Solo cuando uno se detiene a contemplar, desde el recogimiento estético, las cosas revelan su belleza, su esencia aromática. Se compone de sedimentos temporales que fosforecen”. (p. 89)

 

Sobre la necesidad de vaciarse

 “Cualquier espíritu que se vacíe de lo inútil tiene acceso a un tiempo bueno. Vaciar el espíritu, liberarlo de los deseos, da profundidad al tiempo. Y esta última vincula cada punto temporal con el Ser entero, con su aroma imperecedero. El deseo hace que el tiempo sea radicalmente efímero, empujando al espíritu hacia adelante. Cuando se queda en reposo, cuando se recoge en sí mismo, aparece el tiempo bueno”. (p. 94)

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