Hojas de Inspiración

Tres maneras de ayudar (por Swami Vivekananda)

Bill Hulse. billhulse14@gmail.com

Ayudar a otros físicamente aliviando sus necesidades físicas es, ciertamente, grande; pero la ayuda es mayor cuando la necesidad es más grande y duradera la ayuda. Si las necesidades de un hombre se pueden aliviar por una hora, el hacerlo es, en verdad, ayudarle; si le pueden ser solventadas por un año, la ayuda será mejor; pero si se le eliminaran para siempre, esta sería, seguramente, la más grande ayuda que podría prestársele. El conocimiento espiritual es la única cosa que puede destruir nuestras miserias para siempre; cualquier otro conocimiento solo satisface las necesidades por cierto tiempo.

El conocimiento del espíritu es el único que destruye para siempre la condición de necesitado; así, la ayuda espiritual es la más elevada ayuda que puede brindarse al hombre; aquel que da conocimiento espiritual es el más grande benefactor de la humanidad y como tal vemos que los hombres más poderosos son aquellos que han ayudado al hombre en sus necesidades espirituales; porque la espiritualidad es la verdadera base de todas nuestras actividades en la vida. Un hombre sano y fuerte espiritualmente será fuerte en todo otro aspecto, si así lo desea; mientras no haya fortaleza espiritual en el hombre ni siquiera la necesidades físicas podrán ser bien satisfechas.

Después de la ayuda espiritual viene la intelectual; el dar conocimiento es mucho más elevado que dar alimento y vestido; es aun más grande que dar la vida a un hombre, porque la vida real de este consiste en el conocimiento; la ignorancia es muerte, el conocimiento vida. La vida es de muy poco valor si transcurre en la oscuridad, marchando a tientas entre la ignorancia y la desdicha.

Sigue en orden, naturalmente, la ayuda física. Por lo tanto, al considerar la cuestión de ayudar a los demás, debemos tratar siempre de no cometer el error de creer que la ayuda física es la única que debe brindarse; no solo es la última sino la menor, pues no puede producir satisfacción permanente. El malestar que siento cuando tengo hambre, lo satisfago comiendo, pero el hambre vuelve; mi sufrimiento solo acaba cuando está satisfecho más allá de toda necesidad. Entonces, el hombre no me hará desdichado; ningún sufrimiento ni pena podrá conmoverme. Así es que, la ayuda tiende a hacernos espiritualmente fuertes es la más elevada, luego sigue la intelectual y después la física.

El sufrimiento del mundo no puede ser remediado solo por la ayuda física; en tanto que la naturaleza del hombre sufra cambios, esas necesidades físicas surgirán siempre y las desventuras serán continuamente sentidas sin que ninguna suma de ayuda física pueda remediarlas completamente. La única solución a este problema es hacer que la humanidad sea pura. La ignorancia es la madre de todo mal y de todo el sufrimiento que vemos. Que el hombre cultive la inteligencia, sea puro y espiritualmente fuerte y educado, solo entonces cesará toda desdicha en el mundo; antes no. Podemos hacer de cada casa un asilo; podemos llenar la tierra de hospitales, las desdichas humanas continuarán existiendo mientras el hombre no cambie su carácter.

Aparte tomado del libro: Vivekananda, S. Karma Yoga: El yoga de la acción. Buenos Aires: Editorial Kier. 2010. Capítulo III: “El secreto de la acción”.

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