Hojas de Inspiración

Sobre el significado del tiempo (por Matthieu Ricard)

Vishnu Bill Hulse. billhulse14@gmail.com

Aquellos a quienes torturan los calores del verano

languidecen tras el claro de luna otoñal

sin siquiera asustarse ante la idea

de que habrán pasado cien días de su vida para siempre.

Buda Sakyamuni

 

El tiempo es muchas veces comparable a un fino polvo de oro que dejáramos caer distraídamente entre los dedos sin siquiera darnos cuenta. Bien utilizado, se convierte en la lanzadera que movemos entre los hilos de los días para tejer la tela de la vida. Es, pues, esencial para la búsqueda de la felicidad tomar conciencia de que el tiempo es nuestro bien más precioso. Sin causar perjuicio a nadie, hay que tener la fortaleza necesaria para no ceder a la vocecita que nos susurra que hagamos incesantes concesiones a las exigencias de la vida cotidiana. ¿Por qué dudar en hacer tabla rasa de lo superfluo? ¿Qué ventaja tiene consagrarse a lo superficial y a lo inútil? Como dice Séneca: “No es que dipongamos de muy poco tiempo, es más bien que perdemos mucho”.

La vida es corta. Si posponemos una y otra vez lo esencial para más adelante y nos dejamos atrapar por las presiones incoherentes de la sociedad, siempre perderemos. Los años o las horas que nos quedan por vivir son como una preciosa sustancia que se desmenuza fácilmente y no ofrece ninguna resistencia al despilfarro. Pese a su inmenso valor, el tiempo no sabe protegerse a sí mismo, como un niño que se deja llevar por cualquiera que lo tome de la mano.

Para el hombre activo, el tiempo de oro es el que permite crear, construir, realizar, dedicarse al bien de los demás y al desarrollo de su propia existencia. En cuanto al contemplativo, el tiempo le permite mirar con lucidez dentro de sí mismo para iluminar su mundo interior y encontrar la esencia de la vida. El tiempo de oro es el que, pese a la aparente inacción, permite disfrutar plenamente del momento presente. En la jornada de un eremita, cada instante es un tesoro. Incluso en un estado de absoluta relajación, libre de construcciones mentales, el tiempo del eremita nunca es un tiempo derrochado. Posee una riqueza y una densidad tales que el sabio prosigue su transformación interior, sin esfuerzo, como un río que fluye majestuosamente hacia el mar de la Iluminación. En el silencio de su retiro, se convierte (en palabras de Kalil Gibrán) “en una flauta en cuyo corazón el murmullo de las horas se transforma en música”.

El desocupado habla de “matar el tiempo”. ¡Qué expresión tan terrible! En este caso, el tiempo no es más que una larga línea recta y monótona. Es el tiempo de plomo, que cae sobre el ocioso como un fardo y abruma a quien no soporta la espera, el retraso, el aburrimiento, la soledad, la contrariedad y a veces ni siquiera la existencia. Cada instante que pasa agrava su reclusión. Para otros, el tiempo no es más que la cuenta atrás hacia una muerte que temen, o que desean cuando están cansados de vivir. Parafraseando a Herbert Spencer, el tiempo que no llegaban a matar acabó por matarlos.

Recuerdo una visita por el sur de Francia con un grupo de monjes del monasterio donde vivo en Nepal. Unos jubilados jugaban a la petanca en una plaza. Me percaté de que uno de los monjes tenía lágrimas en los ojos. Se volvió hacia mí y dijo: “Juegan… ¡como niños! En nuestro país, los ancianos que ya no trabajan, cuando se acerca la muerte, consagran su tiempo a la meditación y la oración”.

Percibir el tiempo como una experiencia penosa e insípida, sentir que, al final del día, al final de un año y al final de la vida, no hemos hecho nada pone de manifiesto la poca conciencia que tenemos del potencial de realización de que somos portadores.

 

Matthieu Ricard (1946). Monje budista francés. Obtuvo un doctorado en biología molecular en el Instituto Pasteur. En 1972 abandonó su carrera científica y se dedicó a la práctica del budismo tibetano. Intérprete y asesor personal de su Santidad el Dalai Lama y figura fundamental de la difusión del budismo tibetano en occidente. Fragmento extraído del libro: En defensa de la felicidad. 2005. Argentina: Ediciones Urano.

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